sacerdotes gays

La gran mayoría de los sacerdotes del Vaticano son homosexuales, afirma un nuevo libro que se lanzará el 21 de febrero.

El periodista y escritor francés Frédéric Martel, quien es gay y ha escrito varios libros sobre derechos LGBT+, realizó 1.500 entrevistas durante cuatro años para su nuevo libro, En el Clóset del Vaticano.

Las fuentes incluyen 41 cardenales, 52 obispos y monseñores, 45 embajadores papales o funcionarios diplomáticos, 11 guardias suizos y más de 200 sacerdotes y seminaristas, informó el periódico católico The Tablet.

“La negativa a reconocer los derechos de los homosexuales se basa en la hipocresía”. DICE EL AUTOR.

Según las fuentes de Martel, hasta el 80 por ciento de los sacerdotes del Vaticano son homosexuales, pero no tantos son sexualmente activos.

Martel denunció la postura del Vaticano sobre la homosexualidad en 2014, en una entrevista con HuffPo Italia mientras promocionaba su libro Global Gay: Cómo la cultura gay está cambiando el mundo.

“muchas personas en el Vaticano son homosexuales, un fenómeno que también se deriva de la imposición del celibato, por lo que como reacción muestran un comportamiento excesivo contra los homosexuales”.

“En resumen, cuanto más gay seas en privado, más homofóbico serás en público. Este es el secreto del Vaticano”.

El último libro de Martel se propuso explorar más a fondo y desvelar este secreto, y Bloomsbury describió el libro como “un relato sorprendente de corrupción e hipocresía en el corazón del Vaticano”.

Una de las afirmaciones más explosivas del libro, según The Tablet, es que el fallecido cardenal Alfonso López Trujillo, ex presidente del Consejo Pontificio para la Familia y defensor acérrimo de las enseñanzas católicas sobre la homosexualidad y la anticoncepción, solía pagar a los hombres escoltas.

En el Clóset del Vaticano se publicará en 20 países y ocho idiomas el mismo día que más de 100 obispos de todo el mundo se reúnan en la Ciudad del Vaticano para celebrar una cumbre de cuatro días en la que se discute el flagelo del abuso sexual.

El libro apunta a la cultura del secreto que “comienza con los seminarios juveniles y continúa hasta el Vaticano, ya que crea un clima que dificulta denunciar el abuso sexual clerical.